Es normal usar las mismas estrategias en todos los escenarios. No que esto sea productivo o eficiente, pero simplemente porque es humano y comprensible. El hecho es que nos acostumbramos, como sociedad, durante mucho tiempo, a modelos. Esos modelos formaron creencias y esas creencias orientan las estrategias que muchos de nosotros, principalmente aquellos que hoy tienen 50, 60 ó 70 años, aplicamos en las situaciones que se van presentando y en los desafíos a que estamos expuestos.
Los de la Generación X (nacidos entre 1970 y 1980) también tienen sus limitaciones para ver la totalidad de las oportunidades y los Y (millenials) y Z ven las cosas desde un prisma totalmente diferente, aunque llevados para la “realidad” por los mecanismos sociales tradicionales, como las escuelas y la familia, por ejemplo. Pero, aunque en el terreno educacional y en el afectivo todo esté vinculado con una red de comportamientos que son antiguos, la forma como hacemos industrialmente las cosas y el proceso de venderlas ha ido cambiando radicalmente. Como siempre, existirán mercados que permanecerán en las estructuras ortodoxas y otros que saltarán para el futuro sin dejar rastro. La pregunta es: dónde queremos estar, qué queremos hacer y cómo sobreviviremos en ese juego rápido que se transforma en algo vital a cada día. Los jóvenes comienzan a ganar dinero de una forma totalmente diversa de aquella que las generaciones anteriores lo hicieron, y eso hace que sean muy diferentes de nosotros. Para lo bueno o para lo malo.
Por ejemplo, la escena de un padre preparando al hijo para el futuro, enseñándole a administrar sus negocios es cada vez menos práctica, porque la probabilidad de que los negocios de esa generación perduren por otros cincuenta años, con el modelo de gestión actual, es prácticamente inexistente. ¡Imagine lo contrario: el hijo intentando enseñarle al padre el modelo de su negocio para que pueda ser el gestor…! Nuevamente casi imposible, porque la forma como las cosas están sucediendo ahora es tan diferente que… el padre tendría un infarto antes de conseguir dominar el esquema de funcionamiento.
He pensado mucho en eso a medida que me pongo en contacto con las tecnologías de ruptura y cómo han sido cada vez más deseables en un ambiente de negocios donde la innovación es la palabra del día. Imaginar esas cosas coincide con lo que el Profesor Lauro de Oliveira Lima siempre dijo: ¿quieren enseñarles a sus alumnos cómo será su mundo? ¡De clases usando textos de ficción científica!
Vamos a hablar más sobre este tema en otras materias del blog.

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