segunda-feira, 21 de novembro de 2011

Trabajo en Equipo – actualmente, una condición esencial

¿Quién lidera en el momento cierto?
Es fácil ver un grupo deshacerse, principalmente cuando hay una presión superior para que el comportamiento vigente sea individual. No debería ser así, considerando que a cada día queda más evidente que nadie consigue dominar todos los pasos de un proceso, sea cual sea, debido a la complejidad creciente de los mismos. La unión de varios puntos es que consigue determinar la ejecución de un modelo, pero lo que torna todo complicado es el intento de independencia de los puntos. Cae la productividad, desaparecen los resultados y surgen las reclamaciones. Y la respuesta puede ser siempre aquella; “Yo hice lo que me tocaba, la de ellos no sé...”. Eso no resuelve nada, como todos sabemos. Al  contrario, lo que invariablemente sucede es que el cliente final, aquel para quien estamos trabajando en último análisis, no queda satisfecho. Y como consecuencia… se torna alto el riesgo de sustentación del negocio para el cual trabajamos, principalmente, en un mundo competitivo como el que vivimos.

 De hecho no nos preparan para eso a lo largo de nuestra formación. Dinámica de Grupo debería ser la tónica de las escuelas y el trabajo en equipo debería ser privilegiado todo el tiempo como modelo de acción. Como se sabe, “nadie es mejor que todos nosotros”, y eso no es trabajado durante todo el proceso escolar. Vale decir que lo que se espera es que el individuo se sobresalga del grupo. El valor del “mejor de la clase”, el “mejor preparado”, etc., es premiado como si eso pudiese garantizar alguna cosa en el futuro. Lo que tenemos al final del proceso escolar es un individuo condicionado a realizar las cosas de tal forma que se pueda “destacar” del grupo. Por eso tenemos líderes que se apegan de forma tola al poder, sin distribuir o delegar misiones a sus subordinados de acuerdo con las características del momento. El llamado “liderazgo emergencial”, que es la tónica de la buena realización del trabajo en equipo, permanece totalmente relegado a las emergencias absolutas, cuando no necesariamente se consigue una reversión del cuadro caótico que se instala.
 Así, esperar que un individuo deje de lado la oportunidad de “brillar” para garantizar el éxito del grupo, es utopía. Y sabiéndose que el pleno desarrollo de las estructuras mentales se da alrededor de los 16/18 años, lo que resta es una persona con capacidades limitadas a lo que sucedió hasta ese momento en términos de inteligencia. Podrá evolucionar emocionalmente en varias cuestiones, o aún desarrollar habilidades, pero ciertamente no será el movilizador de equipos de alto desempeño caso no tenga la seguridad de que este es el mejor camino, basado en sus vivencias durante la formación.
 La preocupación que va quedando cada vez más evidente es la de que, en un mundo en transformación, donde los cambios permanentes son la única certeza, tenemos una masa crítica de personas que resisten a esos cambios fervorosamente, admirando acciones individuales y esperando siempre que “alguien” resuelva las cosas y salve al equipo. Pero no tenemos tantos héroes a disposición. O aprendemos eso y trabajamos el concepto de equipo y grupo desde la base, o veremos interminables cursos, entrenamientos, workshops y lo que más se invente ofreciendo resultados de poca expresión a los gestores. Cuando eso sucede… todo el sistema corre riesgo.
 Fue así en la década de 1990, cuando se intentó implantar la Calidad Total, de las varias ISO y de gestión de mejoría continua. Es así hoy, cuando se quiere implementar la Innovación en las empresas. Será así si persistimos en el error de ignorar que MODIFICACIONES son desequilibraciones del sistema, y por lo tanto serán siempre rechazadas en el primer momento, con todo lo que esté a mano de aquellos que se sienten perjudicados por ellas. Osadía y visión de futuro son estructuras que no surgen del día para la noche. Forman parte de un largo proceso. Vamos hablar nuevamente sobre este tema más adelante.

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